Message from the Pastor
Queridos hermanos y hermanas:
En este XX Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a descubrir que el amor y la misericordia del Señor no conocen fronteras. El profeta Isaías anuncia que la casa de Dios será “casa de oración para todos los pueblos”. Dios no excluye a nadie que se acerque a Él con un corazón sincero, sino que abre sus brazos para recibir a todos y hacerlos partícipes de su salvación.
El Evangelio nos presenta el encuentro de Jesús con una mujer cananea que acude a Él con una petición llena de fe: “Señor, socórreme”. A pesar de las dificultades y de las respuestas que parecen poner a prueba su confianza, aquella mujer no se rinde. Su humildad y su perseverancia impresionan a Jesús, quien finalmente reconoce la grandeza de su fe y concede la curación de su hija. Su ejemplo nos recuerda que la verdadera fe sabe perseverar incluso cuando no comprendemos los caminos de Dios.
También nosotros podemos experimentar momentos en los que nuestras oraciones parecen no recibir respuesta. En esas circunstancias, la mujer cananea nos enseña a no abandonar la confianza. La fe no significa tener todas las respuestas, sino permanecer junto al Señor, insistir en la oración y creer que su misericordia es más grande que nuestras dificultades. Dios escucha el clamor de sus hijos y nos invita a acercarnos a Él con confianza y humildad.
Que este domingo nos ayude también a mirar a quienes están a nuestro alrededor con un corazón más abierto. Si Dios acoge a todos, también nosotros estamos llamados a construir una comunidad parroquial donde nadie se sienta excluido o rechazado. Pidamos al Señor la fe perseverante de la mujer cananea, para que nuestras familias y nuestra comunidad.
¡Que Dios los bendiga abundantemente!
Bendiciones,
Rev. Julio Fernández