Message from the Pastor

Querida Comunidad:
En este 5º Domingo de Cuaresma (Ciclo A), la Iglesia nos presenta uno de los signos más profundos del Evangelio: la resurrección de Lázaro. En medio del dolor de Marta y María por la muerte de su hermano, Jesús llega y pronuncia palabras que resuenan con fuerza hasta hoy: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.” Este relato no solo habla de un milagro extraordinario, sino que revela quién es verdaderamente Jesús: el Señor de la vida, aquel que tiene poder incluso sobre la muerte.
El Evangelio nos muestra también el rostro profundamente humano de Cristo. Antes de llamar a Lázaro fuera del sepulcro, Jesús se conmueve y llora. Con estas lágrimas, el Señor comparte el sufrimiento de quienes atraviesan el dolor, la pérdida o la desesperanza. Dios no permanece distante ante nuestras dificultades; al contrario, camina con nosotros y conoce nuestras lágrimas.
Cuando Jesús grita: “¡Lázaro, sal fuera!”, no solo devuelve la vida a su amigo, sino que también nos invita a todos a salir de nuestras propias “tumbas”: el pecado, el miedo, la tristeza o la falta de fe. La Cuaresma es precisamente ese tiempo de gracia en el que el Señor nos llama por nuestro nombre para liberarnos de aquello que nos ata y nos impide vivir plenamente.
A pocos días de iniciar la Semana Santa, este evangelio nos prepara para contemplar el gran misterio de la Pascua. Así como Jesús llamó a Lázaro a la vida, también nosotros estamos llamados a confiar en su palabra y a creer que en Él siempre hay esperanza. Que en esta última etapa de la Cuaresma abramos el corazón al Señor, para que su voz nos levante y nos conduzca a la vida nueva que solo Él puede dar.
Rev. Julio Fernández