Message from the Pastor

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios de este domingo nos recuerda que la vida cristiana no se vive de manera aislada. Jesús nos invita a preocuparnos unos por otros y a caminar como una verdadera comunidad de fe.

Cuando un hermano se equivoca o se aleja del camino, nuestra respuesta no debe ser el juicio ni el rechazo, sino la corrección fraterna, hecha con amor, respeto y deseo sincero de ayudar.

En el Evangelio, Jesús nos enseña que corregir al hermano es también una expresión de caridad. No se trata de señalar sus errores para hacerlo sentir mal, sino de acercarnos con humildad y ayudarle a reconocer aquello que puede mejorar. Esta tarea requiere paciencia, prudencia y, sobre todo, un corazón dispuesto a perdonar y a buscar siempre la reconciliación.

San Pablo nos recuerda que toda la ley encuentra su plenitud en el amor: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Como comunidad parroquial, estamos llamados a vivir este mandamiento en nuestras familias, grupos y ministerios, procurando que nuestras palabras y acciones construyan la unidad. Allí donde hay división, estamos llamados a llevar reconciliación; donde hay indiferencia, cercanía; y donde hay dolor, consuelo.

Pidamos al Señor que nos conceda un corazón humilde para saber corregir y también aceptar la corrección cuando sea necesaria. Que nuestra parroquia sea siempre un lugar donde cada persona pueda sentirse acogida, escuchada y acompañada. Y que, unidos en la oración, aprendamos a vivir aquello que Jesús nos promete: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Que el Señor nos ayude a ser una comunidad que testimonie su amor con palabras, pero sobre todo con nuestra vida.

Abundantes bendiciones

Rev. Julio Fernández